Para hacer reír al público, un humorista debe complementar un buen cuento con la manera de contarlo, aunque hay otras alternativas. "Algunos se ríen de solo verme, otros porque mi risa es contagiosa o por mi forma de hablar, pero lo principal es que haya un buen cuento", explica con su inseparable tonada santiagueña Pochi Chávez, uno de los protagonistas de "La cumbre de la risa 2".

El humorista compartirá cartel el sábado a las 21.30 en el Teatro Alberdi (Jujuy 99) con sus colegas Bomba Contreras (Catamarca), El Dúo de la Risa (Salta) el mago Mister Anthony (Buenos Aires) y Capuchón González (Tucumán).

Los humoristas, cuenta Pochi, se nutren de la vida cotidiana para armar sus shows. "Cuando escucho un buen cuentito de 10 líneas en la calle, lo agarro y lo hago de 50 con un montón de matices y gestos, y sale", señala.

El santiagueño, que actúa siempre con su característico sombrero, remarca que la tendencia es que los cuentos sean "un poco chabacanos". "Cuando pido un aplauso para el chiste decente, se hace silencio; pero si es para el atrevido, hay ovaciones. Se perdieron valores como el respeto, y eso es lo que el público pide, aunque yo mantengo una línea ética y profesional de la que no me paso", asevera.

Con 21 años en el humor, 15 discos editados y la próxima reedición de sus antiguas grabaciones, Pochi es uno de los precursores del formato. "Hace varios años empezamos con un productor a hacer ?La guerra del humor? con otros changos, y seguimos haciendo temporada en Carlos Paz. Ahora hay muchas copias, y esta propuesta de ?La cumbre de la risa?, que es con mucha gente", explica.

La posibilidad de juntarse representa una posibilidad de trabajo y una ampliación de los márgenes a los que están sujetos (especialmente en festivales folclóricos), y además hay muy buena onda en el ambiente.

"Entre humoristas no hay celos, sino mucha solidaridad y compañerismo. Nos pasamos cuentos entre nosotros, y cuando uno está en el escenario los demás le gritan cosas, le piden más cuentos o lo acompañan. Dentro del rubro del espectáculo, el nuestro es de los mejores para vivir el compañerismo", asegura.

La explicación que él encuentra para esta situación es la soledad en la que suelen trabajar. "Somos como los boxeadores, que cuando les sacan el banquito quedan solos frente al rival y con el público atento a lo que hacés", compara Pochi.